viernes, abril 20, 2007

Hablamos con... Juan Carlos Rubio (una entrevista)

Estrenar tres textos en la misma ciudad es una hazaña, pero este cordobés de 39 años lo ha conseguido. Sus obras llenan teatros en Miami, Chile, Puerto Rico... Vive un buen momento pero se mantiene con los pies en la tierra. La escritura le ha atrapado con tanta fuerza que casi ha aparcado su carrera como actor: le ha perdido el gusto, por ahora...

Cuando le toca ser director intenta ser invisible para dar protagonismo al texto y los actores, con quienes goza en cada representación. Por cierto, dirigir, escribir, interpretar... al final todo consiste en lo mismo: contar historias y las suyas son diferentes porque busca no repetirse, provocar siempre sensaciones distintas en el público.


Daniel Galindo: Tal y como está el entramado teatral, es casi un honor hablar con un autor español que tiene dos textos representándose a la vez...
Juan Carlos Rubio:
Lo cierto es que me siento muy feliz, imagínate, pero hay que mantenerse algo escéptico: hoy no tienes tiempo para dedicarte a una sola cosa y mañana todo se ha esfumado. Conste que no me quejo, sólo alzo un poco la voz y planteó la realidad de la dramaturgia española, que estamos muy mal tratada por lo general.

DG: Las 'salas grandes' parecen esquivar a los autores españoles. Siempre hay excepciones y algunos logran entrar en los circuitos (Jordi Galcerán, Lluisa Cunillé, Juan Mayorga, Albert Espinosa...). ¿Hay que recurrir a un exilio forzoso?
JCR:
Para que las obras no se queden en un cajón, quizás... La eterna frase de que en España no hay autores es mentira y has puesto buenos ejemplos. En mi caso, Humo se ha traducido al francés, Las heridas del viento al italiano, eso quiere decir que hay interés por estrenarlas por allí. Me llena de orgullo, pero a veces me gustaría seguir el camino contrario: que las obras se viesen en España y luego salieran en la maletita de alguien. Pero siempre hay gente que tira de los proyectos, como Juan Luis Galiardo, que quiere llevar Humo hasta el último rincón de España después de que abandonemos el Maravillas en junio.

DG: En el caso de los dos textos que podemos ver en Madrid, Humo es más abierta, una especie de torrente, mientras Las heridas... es más poética e íntima, de búsqueda interior...
JCR:
Me llena de satisfacción ver a los espectadores que salen de Humo con una sensación buena y de la Triángulo, muy tocados. Hay casi 7 años de distancia entre las dos: escribí Las heridas... en 1999, Quería dedicarle a mi padre una función, que fuera para él, porque los homenajes, los reencuentros, hay que hacerlos en vida. Pretendía hablar acerca de la incomunicación, buscada o no, de que a veces culpamos a los demás, dar pinceladas sobre de las angustias. También quería sacar a la luz el tema de los amores equivocados, de la falsa idea acerca de cómo no te puedes apartar de las cosas que no te convienen: nos duela o no, todos podemos evitarlo. Lo que no nos merecemos es estar toda la vida sufriendo y nos lo recuerda el personaje de Juan, interpretado por un espléndido Marcos Casanova: 'háganme caso, nunca se enamoren de alguien que les desprecie'.

DG: Es una de las perlas preciosas, palabras llenas de significado y emoción que ilustran este texto, de esos que quieres tener en casa para releer de vez en cuando...
JCR:
Es una obra muy sencilla de planteamiento, sólo dos personajes y una historia pequeña. Intenté que su elaboración viniese de la psicología de los personajes: lo que sienten, lo que quieren, lo que han perdido, sus sueños, sus miedos... Con un lenguaje muy poético, casi al borde, juego con el misterio, con los caminos que parecen llevarnos a ciertos remansos. Si no están los actores adecuados, la obra puede resultar muy dura.

DG: Se te ilumina la cara cuando hablas de tus actores, de los dos repartos: si un espectador se emociona con la obra, ¿qué se le pasa por la cabeza al autor que ve cómo su obra cobra vida?
JCR:
Yo me quedo embobado como el primer día. Cuando volé a Miami en enero de 2005 yo no sabía nada acerca de este montaje y les vi: viví una de las experiencias más intensas de mi vida. Al no conocerles, ellos eran los personajes: consiguen darle alma, carne y pasión, hacen suyas muchas frases que son muy literarias... Ellos, además del director Juan Manuel Cifuentes, hicieron que la obra fuese candidata a cinco premios de la crítica de Nueva York. No quería que los espectadores españoles dejarán de sentir lo que me provocó y por eso, como mini-productor, les embarqué en esta corta pero apasionante aventura.

DG: Además de marcharte a Chile para dirigir Humo, lo próximo que cobrará vida es Arizona, texto que ahora está en fase de 'lectura dramatizada con visos a...'. Cantan e interpretan Carmen Conesa, Miguel del Arco y Ángeles Martín. ¿Quién sabe si pronto les veremos sobre otros escenarios?
JCR:
Ojalá. Me apetecía escribir algo más extraño, con menos peaje al realismo, pero basándome en un hecho concreto: ciudadanos estadounidenses que se dedican a patrullar la frontera para impedir la llegada de los mexicanos, una especie de comando social privilegiado sobre el que el gobierno hacía la vista gorda. Más absurdo aún era el que ellos dijeran de sí mismos que estaban ahí para reflexionar con los vecinos, eso sí, con un rifle en la mano. Es tan sólo la excusa para hablar de otras realidades, como la nuestra, con el Estrecho como trágico escenario: alguna razón habrá para parcelar el mundo, pero yo odio la idea de delimitar todo y definirnos 'de aquí', 'de allá', con lo enriquecedora que es la mezcla.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Danny Boyle, un perfil

Su manera de hacer cine, arriesgada y sugerente, gana adeptos, sin olvidar que es capaz de conciliar dos modelos de industria: el europeo y el norteamericano.

Analizando su filmografía encontramos experimentos que van más allá de las meras películas: 10 años separan por ejemplo Tumba abierta de Millones, dos aproximaciones distintas a la hora de afrontar un mismo tema: la primera con aire más desencantado, aderezada con misterio y humor negro, y la segunda, dando pie a la fantasía.

Después de la fábula cuasi-infantil, muchos pensaron que este valorado cineasta había dulcificado sus formas, pero no, tan sólo sigue siendo fiel a su ideario, dominado por la máxima de jugar con el espectador, desconcertarle, no darle tregua. Lo mismo nos relata una entrañable historia protagonizada por dos mocosos que atesoran un botín de 230.000 libras esterlinas (haga el cambio: 1 euro equivale a 67 peniques) que embarca a un reparto en Sunshine, un viaje suicida hacia el astro rey, a punto de morir y llevarse con él todo rastro de vida.

Detrás de estas y otras cintas se esconde la misma persona, un genio creativo de 51 años que cuenta con la extraordinaria facultar de narra historias. A mediados de la pasada década brotaron en el vasto páramo cinematográfico internacional creadores dotados de un don especial que les permitía olisquear por los diversos formatos y géneros. Cineastas británicos como Michael Winterbottom, Danny Boyle y, algo antes, Stephen Frears, comenzaban a contar con el beneplácito de público y crítica.

El segundo largometraje de un director teatral que venía de Manchester se convirtió en visado de entrada a la industria norteamericana: Trainspotting llevó a Hollywood a Boyle y su actor fetiche, Ewan McGregor (en casa se quedaría Robert Carlyle). Juntos rodarían Una historia diferente, con Cameron Diaz y a medio camino entre lo comercial y lo independiente con marca.

Con Leonardo DiCaprio y Virginie Ledoyen rodó La playa en uno de los parajes asolados por el Tsunami que cambió en diciembre de 2005 la geografía física y humana del sureste asiático. Su escasa repercusión en las pantallas norteamericanas, que no en el resto del mundo, le hicieron replantearse su futuro inmediato. Deja Hollywood por su país natal y comienza una nueva senda por un terreno que hace 15 años era impensable en el Reino Unido, donde dominaba el cine con conciencia social de Ken Loach y otros que denunciaban el régimen político de Margaret Thatcher, la dama de hierro.

Él mismo había rodado Tumba abierta (1994), más cínica ante el poder del dinero que su recién estrenado cuento moral, en el que encontramos la conexión Winterbottom, cineasta de su generación con el que coincide en más aspectos que en los estrictamente formales: Millones se levantaba sobre un argumento de Cottrelll Boyce, guionista de 24 hours party people, y estaba producida por Graham Broadbent, que estuvo al tanto de Welcome to Sarajevo, ambas del director de Código 46, que el año pasado desembarcaba en la cartelera española con Camino a Guantánamo.

Boyle tiene la intención de adaptar al cine Porno, continuación literaria de Trainspotting, de Irvine Welsh. Se trata de un proyecto que uniría de nuevo a Boyle y McGregor, al que se tilda como demasiado mayor para encarnar al mismo personaje que le elevó a la fama hace algo más de una década. Mientras llegue la confirmación continúa en su afán de despistarnos tocando palos distintos: ahora le toca el turno a la ciencia ficción con Sunshine, un título que pertenece a la hornada de cintas apocalípticas con sustancia y ambientadas en un futuro no tan lejano (caso de la apabullante Hijos de los hombres, de Alfonso Cuarón).

Como siempre, ha contado con libertad para hacer lo que quería desde un principio: acercarse, física y metafóricamente, al sol como nadie lo había hecho antes, con una trama apoyada en el suspense y el terror, sin olvidar los componentes filosófico y religioso, y empleando un reparto capaz de interpretar los personajes límite creados por uno de sus guionistas habituales, Alex Garland, y él mismo.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Jim Carrey, un perfil

'Sólo me gusta el de El show de Truman. ¿El que no pone caritas? Sí, ese, aunque también tiene ahí sus mohines'. ¿Es que hay dos actores? Desde luego: el exagerado y el normal.

Corríjanme si me equivoco pero este mini-diálogo lo hemos escuchado más de una vez, seguro. También eso de que Carrey es el actor de las mil caras y no es para menos: duende verde y maligno en El Grinch, acertijo misterioso (un poco copia de Joker) en Batman Forever, cómico incontenible en Man on the moon, y lelo, muy lelo, en Dos tontos muy tontos.

Los otros 996 rostros los encontramos en sus más de treinta interpretaciones sólo en cine, las que suma una filmografía que se inició quince años antes de que saltara a las pantallas de todo el mundo a mediados de los noventa con Ace Ventura, un detective diferente y La máscara. Por aquel entonces aún pasaba desapercibido el que destacó en series de televisión después de recorrer bares como humorista de carretera y trabajó a las órdenes de Francis Ford Coppola en Peggy Sue se casó, de Clint Eastwood en La lista negra, y en una mítica producción de serie B, Mordiscos Peligrosos, junto a Lauren Hutton.

Pocos intérpretes generan amor y odio a partes iguales como el canadiense nacido hace 45 años, eterno candidato a Globos de Oro: 6 candidaturas, 2 convertidas en premio por el histriónico artista Andy Kaufman –dirigido por Milos Forman- y su querido Truman. Premios a un lado, Carrey atesoró éxitos más populares, como Un loco a domicilio, Mentiroso compulsivo y Yo, yo mismo e Irene, sin olvidar su incursión en el terreno menos comercial con Olvídate de mí, de Michel Gondry (La ciencia del sueño).

Lo último suyo en llegar a las carteleras españolas es Número 23, un thriller psicológico que gira en torno a la presencia de esa enigmática cifra, capaz de convertir una vida idílica en una pesadilla. Su director, Joel Schumacher, se convirtió en uno de sus principales valedores desde que trabajó con él en la tercera entrega de la saga protagonizada por el hombre-murciélago.

Aunque Carrey echó el freno al bólido del cine, tiene pendiente de estreno su segunda colaboración con Cameron Diaz, su 'partenaire' en La máscara. Entre sus proyectos inmediatos destaca un título bajo la atenta mirada de Tim Burton, además de protagonizar una nueva comedia y poner voz a un elefante de animación.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

sábado, abril 14, 2007

Judi Dench, un perfil

La profesora déspota y ermitaña presa de su soledad en Diario de un escándalo es la misma que ha puesto a raya al agente 007 en 4 ocasiones, la primera, a petición de Pierce Brosnan.

Londres, 1969. Se abre el telón del Kit Kat Club y vemos a una Judi Dench de 35 años bailando y embelesando a los hombres en Cabaret. Fue tres años antes de que Liza Minnelli inmortalizara en la gran pantalla al personaje de Sally Bowles. La británica llevaba dos décadas subida a las tablas, desde que debutó en 1951 con Hamlet en el papel de Ofelia.

Diez años después se puso a las órdenes de Franco Zeffirelli en Romeo y Julieta y se unió a la prestigiosa Royal Shakespeare Company, comenzando las giras con obras como El lobo, Macbeth y La importancia de llamarse Ernesto. Su dilatada carrera en teatro le ha permitido afrontar proyectos como directora: a mediados de los 80 afrontó una versión de Mucho ruido y pocas nueces, con Kenneth Brannagh y Emma Thompson como protagonistas.

Y ahora toca decirles que no se ha equivocado de sección, que continúa en la de Cine. El caso es que Judi Dench considera que su salto al celuloide fue algo no premeditado y, hasta cierto punto, curioso: Brannagh, uno de sus discípulos en los escenarios, le ofreció pequeños papeles en sus primeras películas, Hamlet y Enrique V, pero fue James Ivory quien le dio su primer papel de peso en Una habitación con vistas.

Su filmografía es tan amplia que abarcarla en su totalidad cuesta: desde la historia típicamente inglesa (84 Charing Cross Road, Su majestad Mrs. Brown) hasta las últimas cuatro entregas de James Bond, pasando por relatos narrados de manera atípica, como Chocolat, y reencuentros con amigos de siempre, como el que tuvo con Zeffirelli en Té con Mussolini. Allí coincidió con Maggie Smith, una habitual en su vida ya que juntas rodaron La última primavera. Con Vanesa Redgrave también ha compartido muchos títulos de crédito y va camino de repetir hazaña con Cate Blanchett, con quien también rodó Atando cabos a comienzos de siglo.

En cuatro ocasiones ha sido candidata al Oscar a la mejor actriz (Su majestad Mrs. Brown, Iris, Mrs. Henderson presenta y Diario de un escándalo) y otras dos veces ha optado por el que reconoce a la mejor actriz de reparto, por Chocolat y Shakespeare enamorado, por cuya interpretación, la más corta de todas las que han concurrido a este premio –8 minutos-, se alzó con la estatuilla.

Se da la paradoja de que en la pasada edición de estos premios coincidió con Kate Winslet y Helen Mirren, dos actrices que, con diferentes edades, reconocen ser deudoras de las enseñanzas de Dench, Smith y Redgrave, tres representantes vivas de una generación imprescindible en la vida cultural del Reino Unido. Y pesar de todo, la Dama de Honor del Imperio Británico, teme quedarse sin trabajo. ¿Usted se lo cree?

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Entrevista Elvira Mínguez

Fue descubierta en 1994 por Imanol Uribe en Días contados y desde entonces la actriz vallisoletana que iba para bióloga no ha dejado de captar adeptos por sus buenas maneras: Me llamo Sara, El portero, Sólo mía, Pasos de baile, Los abajo firmantes, Trece campanadas... Pero ella es agradecida: sólo tiene buenas palabras para los hermanos Ulloa después de que la convirtiesen en principal reclamo de Pudor, cinta por la que en Málaga repitió premio, Biznaga de Plata a la mejor actriz, dos años después de Tapas.

Daniel Galindo: Coincidimos en que Pudor es dura con ciertos toques de optimismo. ¿Qué otros aspectos destaca de la cinta?
Elvira Mínguez:
Hablar de temas como la muerte y el sexo supone, incluso en el cine, un pudor verdadero y esta película, además de ser una ópera prima, es valiente y planta ahí esos temas. Es una reflexión sobre la vida aunque narrada desde un rinconcito concreto.

DG: Sus últimos personajes, los de Tapas y Pudor, comparten el hecho de ser dos mujeres maduras acuciadas por la soledad...
EM:
Sí, son parecidas, pero las soledades en las que están inmersas son diferentes: por un lado está la física de Tapas, que es muy dura porque no tienes a nadie, y por otro está el destierro acompañado de mucha gente a tu alrededor, que es también muy terrible por la asfixiante sensación de incomunicación. De éste me atrajo, además de la historia, el proceso de creación del personaje desde cero, distinguiendo poco a poco su horizonte.

DG: ¿Le da pudor escuchar lo que dice Tristán de su actriz fetiche? 'Da una lección de entrega y generosidad, es una de las mejores de su generación y su gran calidad interpretativa la remata con la gran persona que es'.
EM:
Un poco sí. Cuando recogí el premio en Málaga sólo quería decir que todo en esta película se lo debía a los hermanos Ulloa, pero no pude, sólo me salían las lágrimas. Pensaba que no me merecía la Biznaga, la segunda ya: se la debo por completo a Tristán y David Ulloa.

DG: ¿Qué le han dado estos hermanos, además de un personaje difícil pero hermoso? ¿Un nuevo pasaporte hacía los Goya?
EM:
No, no lo creo, aunque si recojo otro, bien estaría... El del personaje de Pudor ha sido un viaje más largo que el de otros realizados en mi vida. En el plano emocional no sabías hacia dónde te podía llevar, pero Tristán y David siempre estuvieron pendientes de mi, además de darme carta blanca. Tristán, a diferencia de otros directores que son más herméticos e impenetrables, compartía con los actores sus miedos e inquietudes del rodaje y además recibía todas nuestras consultas acerca de los personajes. Es algo que destaca en todos los actores que se atreven con la dirección.

DG: ¿Y Elvira Mínguez se atreve a dar ese salto?
EM:
Por ahora no, aunque lo que sí querría es poder disfrutar de un papel cómico. Va conmigo y con mi forma de ser, pero soy consciente de que, según qué roles, hacer comedia, requiere un músculo especial: es mucho más difícil y complejo que afrontar un drama y como cada vez la gente se ríe menos, a lo mejor me iba a costar sacar la carcajada.

DG: Con José Corbacho y Juan Cruz se ríe mucho... ¿algún proyecto en común?
EM:
Hay algo, hay algo... Pero hasta que no nos sentemos, con un guión delante, no podemos decir ni mu. Por ahora está, además de Pudor, el estreno de La caja, de Juan Carlos Falcón, que por cierto es comedia dramática muy negra. Es la historia de un hombre relatada por las mujeres de su vida, entre las que están María Galiana y Ángela Molina.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

sábado, marzo 24, 2007

Hablamos con... Natalia Menéndez

Requerida por la Compañía Nacional de Teatro Clásico y al frente de Tres versiones de la vida, le ha llegado la hora de demostrar toda su valía como directora de escena. El invierno bajo la mesa en el Centro Dramático Nacional y las colaboraciones con 10 y 10 danza fueron algunos de sus avales. Pronto veremos un proyecto que lleva a cuestas desde hace años, por ahora nos da una pista: serán 15 mujeres sobre el escenario del Teatro Español. Suma y sigue.

Daniel Galindo: El curioso impertinente, las colaboraciones con el CDN y Silvia Marsó, la danza... ¿Mente abierta para recibir todos los impulsos del teatro?
Natalia Menéndez:
No sólo del teatro, sino de la vida misma. El abanico de posibilidades es tan amplio que no hay que limitarse: las barreras ya las ponen otros. A veces tomas unas decisiones que te llevan a lanzarte a lugares donde antes ni te atrevías. Siempre he sido muy pudorosa con respecto a llamar a las puertas y de pronto llega un día en el que te ves capacitada para hacerlo. Que te florezcan las flores te resulta muy raro, sobre todo si estas acostumbrada al arado.

DG: ¿Y cómo se produce tu acercamiento al teatro clásico?
NM:
El director de la CNTC, Eduardo Vasco, me ofreció cuatro textos, entre ellos El curioso impertinente, que me salta a la cara y me atrapa con tal fuerza que no tuve que reflexionar acerca de mi elección. Coincidió en el tiempo con la propuesta que me hizo Silvia Marsó para que dirigiera Tres versiones de una vida. Me pareció un reto interesante tocar palos tan distintos, viajar hasta el Siglo de Oro y luego subirme a un ring interpretativo planteado por una autora viva, Yasmina Reza, que no ofrece respuestas, sino que plantea preguntas con respecto a las grietas de lo cotidiano en una pareja. Había que tener actores que quisieran jugar a voltear, a permutarse, y así nos plantamos este montaje, como un enredo.

DG: También un embrollo, aderezado por los celos, la amistad y la ostentación del uso del poder, domina una obra que ya, desde la entrada de los personajes a escena, da la sensación de que está resuelta de manera ágil...
NM:
Un texto desconocido parte con desventaja, por eso hacía falta que todo pareciera muy fácil. Pero el mérito no es sólo nuestro: cuando Guillén de Castro se recrea en este relato incluido en el Quijote, ya lo consigue. No creo que hayamos exagerado las tuercas, casi se podría decir que Yolanda Pallín no ha hecho una versión sino una adaptación de un autor muy inteligente. Cuenta con un sentido del humor nada suave, que tiene más que ver con la rudeza y la crueldad de la commedia dell'arte y menos con los convencionalismos: cuestiona el poder, dibuja otras salidas a la mujer, escapa a los arquetipos...

DG: Es curioso que sea tan desconocido después de abrir nuevos caminos...
NM:
Cuando tienes un Mike Jagger de la época que se llama Lope de Vega y a nosotros nos gusta tanto tener bastiones, grandes referentes, obras más complejas, porque ésta lo es, resultan muy chocantes y por ello se menosprecian. El tiempo les ha dado la razón aunque en el siglo XX sólo se haya hecho una representación de la pieza.

DG: Hay textos que no se pueden tocar, por mucho que nos guste actualizar los clásicos...
NM:
Y hay que creerse por encima de autores para hacer una versión de algunos de sus textos, y nadie sería tan osado. En el caso de El curioso... hemos limado ciertos guiños a la época. No tengo ningún pudor en eliminar pasajes que hoy día nos serían ajenos e incomprensibles: a Guillén le falta la belleza de Lope, él es un hombre más de acción, tiene una mente muy compleja, y se aprecia en la construcción de las frases. Hemos pretendido buscar la agilidad hacia el público, con una escenografía que respondiera a los espacios anímicos y un movimiento escénico ex profeso, que se puede sentir.

DG: Llama la atención tu interés por la dirección de movimiento. No es la primera vez que colaboras con Mónica Runde: ella se encargó de la coreografía de Invierno bajo la mesa, tú de la dramaturgia de sus Hebras de mujer...
NM:
En España no estamos acostumbrados, pero la dirección de movimiento, dentro de la dirección teatral, es complementaria y absolutamente necesaria, incluso cuando no hay nada de baile. El actor a veces se encuentra encorsetado en su interés por emocionar y hay que ayudarle a expresar mucho más. Llevo trabajando con 10 y 10 danza 15 años y he aprendido tanto que en todos los montajes la parte de movimiento me parece crucial. El teatro no sólo es escuchar: lo primero que te atrapa, antes incluso que la palabra, es el gesto, la aparición del personaje, que suele ser muda. Es el aspecto físico y el estético lo que te atrapa y si no lo cuidas, te quedas en una dirección a medias.

DG: Pronto te veremos en Las trece rosas, de Emilio Martínez-Lázaro. Lo tuyo es contar historias, ya sea desde la escritura, la dirección o la interpretación.
NM:
Para mi son cosas complementarias, aunque llevaba un tiempo pensando que no me requerían como actriz porque me veían entregada a la dirección. La verdad es que si no me llaman, ya me lo invento yo: he montado recientemente un espectáculo, hago recitales... El mono del escenario lo voy supliendo, pero tenía ganas de contar algo como esto. Ha sido una experiencia muy potente que necesitaba: un personaje fuerte, rodeada de intérpretes jóvenes, chicas como Marta Etura, Jasmina Trinca y Verónica Sánchez, que están sublimes y sus carreras lo demuestran... Fue como rodar un sueño durísimo.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Hablamos con... Leonardo Sbaraglia

El bonaerense abre una nueva etapa en el cine español: el 'extranjero' ha dejado de serlo gracias a Concursante, donde combina la ironía argentina con las exigencias interpretativas de un trabajo ideado sólo para que el acabase interpretándolo. Descubrimos que no ha perdido el acento y que continúa con los pies en el suelo, tan sencillo como el primer día y eso que el director, Rodrigo Cortés, no escatima en elogios: no hay un actor de su edad como él y hace una exhibición casi sobrenatural al pasar de transmitir la mediocridad de su personaje al principio a la demencia total. Casi nada.

Daniel Galindo: Estrenas los 36 años con un personaje muy completo en un largometraje con historia atípica y, por lo que hemos visto, hecho a medida...
Leonardo Sbaraglia:
Ya tocaba, aunque es verdad que al personaje llego después de un intenso y laborioso proceso de aprendizaje como actor. Desde que llegué a España, en 2001, he luchado por evolucionar y desarrollar el conjunto de mis capacidades. Rodar en España con directores como Gerardo Vera (Deseo), Vicente Aranda (Carmen) y Antonio Hernández (En la ciudad sin límites, Oculto) me ha servido mucho más que cualquier master en interpretación. Yo creo que los personajes son una excusa para aprender, investigar, desafiarse a uno mismo y arriesgar, y desde el primero al último en este ciclo han cumplido con estos objetivos.

DG: Apareces en el 95% de los planos, soportas el peso de la trama de manera estoica y nos guías con soltura por un terreno complicado y peligroso, el del sistema económico-financiero... Y eso que estás muerto desde el inicio de la cinta.
LS:
Menos mal que no destripas nada con eso y sirve de aliciente para que vayan a verla... La moraleja es que ser millonario puede salirte muy caro, espero que este trabajo no tenga la misma repercusión negativa. No, es broma. Cuando te topas con un libreto excelente, muy bien construido y te lo presentan como un juego entre géneros, aquí tragedia pero narrada con humor, es difícil apartar la mirada del proyecto. Si además te agasajan diciendo que sólo tú puedes darle vida en la pantalla, ya sería un tonto si girase la cabeza.

DG: Parece que te estás plagiando a ti mismo, ya que esta respuesta parece estar sacada de la primera entrevista que nos concediste por Intacto...
LS:
Los dos proyectos tienen muchas similitudes entre sí, con el paso lógico de los años desde luego, porque somos mas mayores. Con Rodrigo Cortés me ocurrió igual que con Juan Carlos Fresnadillo: me atraen los cineastas que plantean un desafío, que ofrecen algo diferente. Y a lo mejor parece un tópico pero los que empiezan en esto se dejan llevar por sus ilusiones y están más interesados en arriesgar, en quebrar el lenguaje y contar otras historias.

DG: Respuesta obvia, pero lanzo la pregunta: ¿contento con el resultado?
LS:
Siempre se pueden mejorar cosas, pero es cierto que me he entregado al 101% de mis posibilidades, cada jornada de rodaje incluía 25 planos, así que fue muy duro pero a la vez muy gratificante. Ya me sentiría pleno si Concursante llegase al otro lado del Atlántico, sería catárquico: para un argentino el engaño económico es moneda corriente; ha sido así toda la vida, por eso me sigo negando a tener una hipoteca en este país.

DG: ¿Y después de Concursante?
LS:
Ahora toca descansar y estudiar algunas cosillas. Ha sido un trabajo intenso, dominado por un gran monólogo esquizofrénico que no tiene una lógica temporal, sino musical. Debía cambiar cada dos por tres de registro, tocar nuevos palos y no sucumbir al ritmo narrativo. Me gustaría beber un poco de los buenos resultados de la peli y también de los palos que nos puedan pegar. Ya sabes, seguir aprendiendo.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.