martes, octubre 10, 2006

Michael Winterbottom

Heterodoxo en su filmografía y siempre con el ánimo de sorprender alzando la voz, este cineasta se ha convertido en uno de los iconos de ese sector del cine europeo que aúna conciencia social y maestría formal.

El universitario de Oxford se apartó pronto del campo de la filología para dedicarse al cine aunque pasando primero por las salas de montaje de la Thames TV, para la que dirigió documentales sobre el cineasta sueco Ingmar Bergman y un par de telefilmes dirigidos a una audiencia juvenil.

Hace poco más de una década fundó junto al productor Andrew Eaton Revolution films que sólo un año después, en 1995, dio como frutos sus primeros largometrajes: Besos de mariposa –que narra el amor de dos lesbianas- y Go now –sobre el drama de la esclerosis múltiple-. El panorama cinematográfico era vasto por aquel entonces y muchas eran las ganas de hacer un cine diferente, prueba de ello fue el impacto que supuso en Cannes Jude, con Kate Winslet y Rachel Griffiths.

Iconoclasta en su forma de hacer cine, su estilo se va haciendo cada vez más personal e identificable. Su progresión le fue llevando a cierto desencantamiento ante el mundo que, después de Wonderland, Welcome to Sarajevo, El perdón y 24 hours party people, se volvió más sosegado, plasmado de cierta melancolía. Dejó prueba de ello en Código 46, una historia sobre un futuro próximo que nos llega a través de los ojos de los personajes a los que dan vida Tim Robbins y Samantha Morton. Y los experimentos siguieron, esta vez bajo el nombre de 9 songs, batiburrillo de sexo y música que no deja indiferente.


En la misma línea que En este mundo –sobre el viaje de dos afganos con Londres como meta- pero por otros derroteros discurre su Camino a Guantánamo, una cinta que ha cosechado buenas críticas desde su estreno en la pasada Berlinale. Su recuerdo del paso por el festival debe guardarlo bajo llave ya que periodistas y público le ovacionaron durante varios minutos por su última incursión en el cine de compromiso ideológico. El Oso de Plata a la Mejor Dirección fue un premio a repartir entre los dos directores de Camino a Guantánamo, Winterbottom y Mat Whitecross, los narradores de esta historia real protagonizada por cuatro jóvenes británicos que fueron a una boda a Pakistán y acabaron retenidos por Estados Unidos cerca de dos años.

Para el cineasta británico de 45 años, su película no es un trabajo de denuncia, sino una obra que va más allá, pretendiendo que el público salga de las salas criticando la situación de lugares como esa cárcel improvisada y pidiendo responsabilidades a quienes practican actividades criminales. Winterbottom vive con la idea de que el cine sirve para que el pueblo no olvide y que el espectador pueda convertirse en protagonista de la historia que se cuenta.

Texto escrito por
Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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