domingo, julio 01, 2007

Hablamos con... Juan Carlos Naya (una entrevista)

Cada noche se encierra en los sótanos de un banco, uno de esos a los que solemos confiar nuestros secretos y pertenencias más valiosas.

El actor reivindica también la faceta de productor, aunque no ejerza de ello en Madrugada de cobardes, y nos invita a un espectáculo teatral que promete más de una sorpresa, tantas que la productora sabe que tendrá poco efecto negativo su aviso promocional: 10 euros la entrada, y si no gusta, devuelven el dinero.


Daniel Galindo: Después de diferentes experiencias con compañías formadas por decenas de miembros, ahora toca un montaje con un carácter más íntimo, no sólo por la trama, sino también por la producción.
Juan Carlos Naya:
Las grandes funciones de clásico en las que me he embarcado han sido con el Teatro Español, claro, empresa pública. Piezas de este tipo son muy difíciles de afrontar desde una compañía privada, por lo que hay que recurrir al formato del monólogo o a textos con muy pocos personajes. Embarcarse en historias con más gente es muy peligroso: como se suele decir, en el teatro ganas pesetas y pierdes duros.

DG: Ahí se enmarca una obra con la que diste rienda suelta a tu faceta como productor en la temporada pasada: Marlene.
JCN:
Es coincidencia también que los textos, adaptados en montajes menos multitudinarios, me han interesado. Desde que terminé El retrato de Dorian Gray, una gran producción, me fui hacia una función de dos personajes y autor español, caso de Marlene, de Martín Garrido; luego he estado con Bárbara Rey, los dos solos en un Ático con terraza y con la palabra de Juan José Alonso Millán…

DG: Y ahora, Madrugada de cobardes, escrita y dirigida por José Cabanach.
JCN:
Una aventura muy interesante, ya que en ella se habla de problemas de hoy y yo, la verdad, es que ya estaba algo cansado de referirme siempre a situaciones del siglo XVI y centurias venideras. Contar con un tipo comprometido, que domina el verbo y además pretende contar cosas reales, me pareció una oportunidad imposible de rechazar, sin olvidar que se crea una magia muy especial sobre las tablas trabajando con un solo compañero, con el que te tienes que batir en duelo interpretativo y al que tienes que recurrir en todo momento.

DG: Dos personajes encerrados en la cámara acorazada de un banco… ¿Con qué se encuentra el espectador cuando cae sobre él esa madrugada?
JCN:
Se va a topar con un buen texto, inquietante, en la que el autor, que además, también es director, juega con todos los trucos teatrales a su alcance. Lejos de parecer un relato monocorde, la función está tan bien planteada que atrapa a todo el mundo, al menos, eso creo. Y luego está el tema de las cajas de seguridad a las que muy pocos tienen acceso. Eso otorga un morbo y una tensión fundamental para que nadie se aburra, aderezado además de humor, drama, violencia y cotilleo: cada caja que se abre encierra todo un mundo por descubrir.

DG: Y por encima de todo, y nos ponemos algo metafóricos, la palabra, al igual que esas cajas, encierra muchos matices…
JCN:
Por desgracia, el valor de la palabra, la fuerza del vocabulario, se están perdiendo. Hay que transmitir con la palabra, pero también que ese discurso tenga un sentido, coherente con el mundo en el que vivimos.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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