domingo, julio 01, 2007

Hablamos con... José Carlos Plaza (una entrevista)

Hablar de este madrileño de 61 años es hacerlo de más 4 décadas de teatro en nuestro país. Su trayectoria abarca desde la gestión del Centro Dramático Nacional hasta la dirección escénica de óperas como Don Carlo, Wozzeck, Carmen y, recientemente, Fidelio.

Acabado su viaje hasta Jean Genet, retoma Afterplay, obsequio de Helio Pedregal y Blanca Portillo. En su agenda no hay hueco libre: habitual del Festival de Teatro Clásico, ya está metido en faena para sorprendernos con una Fedra muy especial con Alicia Hermida y Ana Belén.

Daniel Galindo: Un montaje muy laborioso, Splendid´s, le ha traído de cabeza estos últimos meses por ser una muestra atípica de teatro que no entronca con lo habitual. Es curioso que la obra salga de la cartelera el 3 de junio, un viaje demasiado corto después de tanto esfuerzo...
Jose Carlos Plaza:
Que su vida sea más corta de lo normal se atiene a la programación del CDN. Tiene muy acentuado el toque experimental y se pensó para darla a conocer a un determinado público. Se concibió como un desafío puntual y, hasta cierto punto, un acto de rebeldía al ir en contra de lo está en vigor: la frivolidad, la superficialidad, el olvidarse de uno mismo... Genet nos coloca un espejo delante y claro, no nos gusta mirarnos. Pero el teatro está para eso, para obligar al ser humano a mirarse dentro de sí y ver lo que no quiere reconocer. Quería, de alguna forma, continuar esa intención, aunque enfrentarme a este mundo poético y filosófico y además estrenar fue como lanzarse a una piscina sin saber si había suficiente agua.

DG: ¿En algún momento ha sentido que podía ahogarse? Si para nosotros ha sido un montaje difícil de digerir, para el director y los actores debe estar siendo una experiencia intensa.
JCP:
La función ha ido creciendo, los actores hablan de un viaje y como tal, tiene momentos en los que todo sale mejor y otros más abruptos. Es una bajada a un submundo que nunca se completó, es decir, Genet no da el visto bueno a la obra y es Sartre el que se enamora de ella... Yo creo que el autor no la considera terminada, por lo que hay un planteamiento por su parte de una cantidad de ideas, de una enorme fuerza de imágenes y sentimientos, pero con una débil o inexistente dramaturgia pretendida. Había que mantener una línea argumental en una obra en la que los personajes hablan por boca de un pensador. No ha sido fácil combinar esos procesos internos con el entorno en el que se desarrolla la historia, son gángsteres atrincherados en un territorio donde domina la inmundicia.

DG: Si para comunicar sentimientos se necesita un acto previo de confianza entre director y actor, en este caso responde a un vínculo mucho más estrecho.
JCP:
Hemos estado muy unidos. Es cierto que a veces se han sentido perdidos al no ver con claridad la luz que creo que yo sí percibí desde el principio, pero poco a poco, por su enorme fe hacia mí y hacia Genet, hicieron una entrega de confianza total, siendo los principales defensores de una dramaturgia que hemos hecho entre todos. Se tocan temas muy duros, se habla de la violencia, el miedo, la cobardía, la homosexualidad, los límites de la realidad, la pérdida de la identidad, del fracaso de una vida... Para ellos ha sido extenuante, no tengo palabras para agradecer lo que han hecho.

DG: Considera al actor por encima de todo, un material sensible muy valioso...
JCP:
Y fundamental para que se pueda dar el hecho teatral. Sin ellos no habría nada y a ellos les debo el estar aquí. Sólo les puedo pagar siendo coherente con eso: tanto en el caso de Splendid's, como en Solas con Lola Herrera, Natalia Dicenta y Carlos Álvarez-Novoa, tenía que contar con profesionales que tuvieran ingredientes precisos: generosidad, valentía, sensibilidad, cultura...

DG: El proceso a la inversa se dio con Afterplay: dos actores-productores necesitaban una mirada externa, limpia y acertada... Tenía que ser Plaza.
JCP:
Y siempre se lo agradeceré: fue la experiencia íntima, del placer, el río tranquilo, lleno de ternura y paz... Casi la experiencia contraria a la idea de lucha y revolución que nos ha tenido ocupados en el CDN. Cada montaje tienes que afrontarlo de manera diferente y precisa. Me considero un servidor de los textos, que son como lienzos delicados: a veces tienes que trabajar sobre ellos, ya puede ser un Velázquez o un cuadro del siglo XXI. No pretendo tener un estilo propio, sólo sigo el texto, que me aporta una determinada forma de hacer, y al actor, que es lo más sagrado.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Hablamos con... Audrey Tautou (una entrevista)

Siempre le perseguirá la sombra de Amélie, aunque lo cierto es que ese papel le permitió trabajar más tarde a las órdenes de Stephen Frears (Negocios ocultos) y Ron Howard (El código Da Vinci).

El fascinante personaje creado por Jean-Pierre Jeunet también la convirtió en objeto de deseo de muchos aficionados al buen cine y embajadora de la nueva hornada de intérpretes europeos junto a Daniel Bruhl, pero de las subidas y bajadas a Montmartre han pasado ya 6 años. Actualmente, con 15 películas en su haber, la heredera del toque Hepburn, sigue labrándose un camino personal, no exento de devaneos interesantes y posible escapadas hollywoodienses: ya se sabe, la línea recta no siempre es la mejor opción.

Daniel Galindo: Después de dramas como Largo domingo de noviazgo te acercas de nuevo al género con el que te conocimos, mucho antes de Amélie incluso.
Audrey Tautou:
Sí, es un registro de comedia pura, más comedia que todas las películas que han calificado de comedia. Creo que no tenía un papel similar desde 1999, año del estreno de Venus: salón de belleza. Ah, y no me puedo olvidar de mi escapada española, a Barcelona, con Una casa de locos.

DG: ¿Hay algo de tu personaje en Un engaño de lujo que te gustaría llevarte puesto?
AT:
Muy poco, la verdad. No es una mala chica, pero sería su polo opuesto en la vida real. Tras ese lado banal hay un fondo soñador e infantil que le lleva a no reparar en medios para llegar a ser una princesa. Por eso y por muchos otros aspectos, es el personaje más lejano a mí, aunque no creas, no me causó muchos quebraderos de cabeza meterme en su piel: un buen vestido, un peinado y unos tacones altos sirvieron para allanar el recorrido. Además, rodar con todo el equipo fue una especie de vacaciones muy bien pagadas.

DG: Y de nuevo, en casa, cine europeo...
AT:
Nunca me fui, la verdad, si es que lo dices por El código Da Vinci.

DG: ¿Qué hizo una chica como tú en un rodaje como ese?
AT:
Intentar no dejarse llevar por el interés que rodeó al proyecto y sus lógicos miedos e inseguridades. A pesar de mis limitaciones lingüísticas, era ya la segunda cinta que rodaba en inglés, la primera, por cierto, con un compatriota vuestro y gracias a su trabajo en Francia, casi mío, Sergi López. Me fijé más en la forma de actuar de dos maestros como Tom Hanks y Jean Reno, que en la estructura del guión. Me gusta colaborar con gente interesante, que tenga cosas que contar y lo haga bien. Eso te puede llevar a trabajar en Turquía, Latinoamérica, España... donde sea, además nunca me hubiera visto haciendo una película tan grande, y eso que Largo domingo... fue brutal.

DG: Pero hay cintas que dejan una huella más profunda... ¿Pesa mucho la imagen de Amèlie Poulain?
AT:
Al contrario, no pudo existir mejor tarjeta de presentación. El mejor regalo de tu vida no lo puedes asociar a un posible problema. Lo que peor llevo es la fama y la perdida de identidad y anonimato, dos cosas muy diferentes, libertades preciosas que quiero mantener, pero de la que suelen carecer los que acaban convirtiéndose sólo en una celebridad del cine norteamericano y, ya puestos, del cine mundial.

DG: Puede que te veamos como Coco Chanel...
AT:
Y además en Francia, sí. El guión todavía se está escribiendo a partir de una novela de Ana Gavaldon, poco más se puede decir. Me encanta hacer películas en mi país, en toda Europa, la verdad, porque todavía queda un cine de autor, que me atrae muchísimo, por ejemplo Pedro Almodóvar, Julio Medem, Sergio Castellito, Isabel Coixet, Nanni Moretti... La verdad es que hay muy buenos guiones escritos en francés, español, italiano, alemán, sueco... incluso en inglés, con acento británico, por supuesto.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Hablamos con... Alberto San Juan (una entrevista)

Teatro, cine... Da igual siempre que haya una buena oportunidad para superarse. A este madrileño que dejó el periodismo por el viejo oficio de actor le atraen los retos, y el de Bajo las estrellas, lo era.

Esta cinta, opera prima del director Félix Viscarret, arrasó en el pasado Festival de Málaga, donde también hubo premio para el protagonista. Y es que Alberto San Juan interpreta a un personaje que bien podría haberse presentado como un ser odioso, dentro de un complejo mundo de sentimientos que había que anclar a tierra firme.


Daniel Galindo: El director pensó en ti desde que empezó a leer la novela, aunque el personaje fuese irrespetuoso, caradura, tierno, un poco perdido en el mundo… ¿Cómo es Beni según Beni o, mejor dicho, en palabras de Alberto San Juan?
Alberto San Juan:
Mi personaje padece un sentimiento de orfandad. Su forma de no sufrir es no implicarse en nada, pero un accidente le obliga a tomar postura. Es la ansiada segunda oportunidad, la que le llega a una persona que iba a la deriva. Al final se da cuenta de que la solución no consiste en encerrarse en uno mismo sino en darse: además la moral social no vale, sólo la honestidad de los sentimientos.

DG: Hay que decir que Viscarret siempre remarca que Alberto, como actor es reservado y correcto, muy diferente a este rol que te devuelve, en cierta manera, a la infancia…
ASJ:
Y hace muy bien porque gran parte de la vida adulta es absurda y dolorosa sin motivo aparente. Fernando Aramburu ya dejó bien claro la filosofía de este personaje en la novela El trompetista del Utopía y Félix se ha encargado de, respetando su esencia, matizar mucho más su comportamiento y de incidir en la visión vitalista con la que afronta la muerte, un tema que planea sobre toda la evolución dramática de esta película ‘de carreteras perdidas’.

DG: Lo de road-movie a la navarra suena como un plato de menú…
ASJ:
Y de postre, el western, porque Benito Lacunza es un antihéroe que vuelve a casa a saldar una cuenta y encuentra personajes que viven en ninguna parte.

DG: Y de nuevo os cruzáis Emma Suárez y tú, en Bajo las estrellas, y pronto te veremos junto a Maribel Verdú…
ASJ:
Bonita casualidad. Trabajar con Emma en Horas de luz fue una de las cosas más intensas que he vivido, es única. Y luego está Gente de mala calidad, a las órdenes de mi amigo Juan Cavestany y teniendo como compañera de reparto a Maribel en una comedia amarga, muy amarga, sobre gente que hace las cosas mal.

DG: Hemos leído que Alberto San Juan todavía no ha encontrado su lugar en el cine… ¿Después de una década delante de la cámara?
ASJ:
Lo cierto es que en parte es así: me considero más vinculado al teatro, donde me siento con más autonomía y más dominio a la hora de trabajar. Después de unas cuantas, muchas películas, me sigue dando la sensación de que el escenario es más humano que el cine al no estar sometido a tanta presión económica: el teatro vale para pagar el alquiler y la compra, hacerse rico es difícil.

DG: Pero engancha… Y, además, ya sea en Animalario o en otro proyecto, Andrés Lima y tú vais a muerte…
ASJ:
Siempre que podemos… Ya le he pedido un pequeño papel en la zarzuela que dirigirá en el año que viene. Por ahora estoy concentrado en una nueva versión de Arlequín, servidor de dos patrones, de Carlo Goldoni, para el Teatro de La Abadía.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

sábado, junio 16, 2007

Arthur Miller, un perfil

El hijo de unos emigrantes vieneses personificó el sueño americano y fue más lejos aún, al sentar las bases del teatro del siglo XX y contribuir a derribar ese mismo sueño.

Vivió la centuria anterior de manera intensa aunque esperó al recién entrado siglo XXI para despedirse, no sin antes dejarnos su ingente obra literaria que abarca, tras unos primeros cuentos y novelas, desde piezas teatrales tan conocidas como Todavía crece la hierba y Todos eran mis hijos, hasta guiones, el primero, Vidas rebeldes, llevado al cine por John Huston.

En España son muchos los que han versionado al considerado como uno de los mejores dramaturgos del siglo pasado. Su teatro forma parte del repertorio tanto de grandes teatros, como de pequeñas compañías. Juan Echanove viajó con El precio durante varias temporadas. Así pudo estar más cerca de un "ídolo" que influyó en su forma de interpretar y en sus posturas sociales y políticas. Esa forma de ver el teatro realista, más allá del naturalismo, "del nobilísimo arte de entretener", fue convenciendo a todos.

De él se decía algo así como que era a la lengua inglesa lo que Bertolt Brecht a la alemana. Nunca quiso aleccionar a sus espectadores, sino jugar con la ironía y la sátira. Su mensaje está más cerca de la moral humana que de la política. Sus dramas inciden en los valores familiares y morales de la sociedad occidental de mediados del siglo XX, aunque en todos aparece bien marcado su peculiar acento crítico. Y algo que a todos nos gusta mucho de los textos, su vigencia, permanece inalterable incluso en los textos que ambientó cuatro siglos atrás, como Las brujas de Salem (Teatro Español, Madrid, hasta el 15 de julio) vinculado al momento en que fue escrito, pero cuyo vigor moral lo sitúa por encima de épocas y casos concretos.

De eso, de crear fuentes teatrales inalterables, primeras referencias, se encargó este maestro de la pluma que igual alababa al marxismo, que lo criticaba, sufrió la caza de brujas del senador McCarthy y denunció la intervención de Estados Unidos en Corea y Vietnam. Avisó de la desunión de la sociedad, la que siempre ha inquietado a los más puritanos y conservadores, y se hizo fuerte en la idea de que, en realidad, nada es permanente e inalterable, de ahí la progresión de su mundo literario.

En España recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2002. Miller fue tan conocido por sus obras, como por su activismo político y su vida sentimental. Se casó en tres ocasiones: con su novia del colegio, Mary Slattery, la hija católica de un vendedor de seguros; con la actriz Marilyn Monroe, de la que también se divorció, y con la fotógrafa austriaca Ingeborg Morath, que retrató magníficamente la Guerra Civil española.

Con La muerte de un viajante se alzó con el prestigioso Pullitzer. La primera versión teatral de esta pieza, dirigida por Elia Kazan en 1949, se llevó 6 premios Tony… Muy buenas perspectivas para un drama escrito en seis semanas cuando contaba con 33 años. El guionista y dramaturgo se marchó de viaje con la muerte el 10 de febrero de 2005. Tenía 89 años.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

sábado, junio 02, 2007

El universo Coixet se expande hasta Hollywood

Se han descubierto tres nuevos satélites: Penélope Cruz, Ben Kingsley y Dennis Hopper. Orbitan a las órdenes de la cineasta en Nueva York y Vancouver.

El motivo es el rodaje de su sexto largometraje, Elegy, basado en la novela de Philip Roth El animal moribundo. Isabel Coixet rueda de nuevo en inglés, ésta vez a partir de un guión no escrito por ella, y lo hace después de ser uno de los altavoces de los Invisibles, el proyecto de Javier Bardem que le emparentó con Wim Wenders, Mariano Barroso y Fernando León de Aranoa.

Demasiado viejo para morir joven fue su tarjeta de presentación en 1988. Tenía 26 años y con ella optó al Goya a la mejor dirección novel. Emma Suárez, Fernando Guillén y Carmen Elías fueron los primeros en girar en torno a esta creadora sui generis, luego llegarían muchos otros, compatriotas afines a su cine -Javier Cámara y los hermanos Almodóvar como productores-, y foráneos, como Tim Robbins y Monica Bellucci. No hay diferencia entre ellos ya que el cine es su mejor visado.

Con Cosas que nunca te dije comenzó su periplo norteamericano. Continuaría con Mi vida sin mí 8 años más tarde, sin olvidar la escala gallega de A los que aman, con Patxi Freytez, Gary Piquer y Albert Pla, entre otros. Tras su pasional historia de amor paneuropea cogió las maletas y se marchó hasta Canadá para relatarnos su 'triste cuento vitalista' en el que Amanda Plummer, Mark Ruffalo, María de Medeiros, Deborah Harry y Scott Speedman tenían un protagonismo activo.

Al contrario de otros cineastas que comenzaron en el mundo de la publicidad, Coixet no lo ha abandonado: lo mismo sigue a Manolo Escobar en la búsqueda de su carro, que manda a Leonor Watling al quinto pino, bien equipada eso sí. Su manera de realizar ha marcado un estilo propio que se puede ver cuando la actriz se transforma en la voz de Marlango y protagoniza videoclips como el de It´s all right.

Su abuela vendía entradas en un viejo cine de Barcelona y de ahí le viene su vocación. Dice que nunca quiso ser actriz, sino la persona que hacía esas hermosas historias, relatos que sirven para transmitir una idea concreta del mundo: aprovecha su obra para dar a conocer músicos como Anthony & the Johnsons, recuperar escritores como John Berger y plasmar su peculiar catálogo de píldoras sobre el amor, la familia y la amistad.

Si en todas sus películas da pinceladas acerca de su compromiso social, en La vida secreta de las palabras lo hace con mayor profusión: su refugiada bosnia, interpretada por Sarah Polley, estaba íntimamente relacionada con el Consejo Internacional de Rehabilitación de Víctimas de la Tortura, una sólida y necesaria institución que permite que supervivientes al tormento puedan dejar de sobrevivir para intentar vivir.

Su quinto largometraje parece una extensión del Viaje al corazón de la tortura, documental con el que recorrió el lado más siniestro de la India, el corazón de los Balcanes y Turquía. Detrás de sus gafas de pasta y su personalidad estridente se parapeta un carácter curioso, una rara avis ávida de indagar en la vida de los otros y contárnosla, empeñándose a través de su productora Miss Wasabi, su nombre de guerra.

Siempre que le llaman para participar en un proyecto colectivo no pone excusas. Había motivo para gritar junto a otros y criticar al Gobierno de José María Aznar. Ella lo hizo narrando La insoportable levedad del carrito de la compra. Dejando a un lado su activismo, se tomó unas vacaciones para declarar su amor por París con un episodio rodado en el barrio de la Bastilla con Sergio Castellito como cicerone. Y ahí no termina la historia ya que es una de las cinco cineastas que se han unido bajo el paraguas del medio ambiente para rodar un corto sólo con la ayuda de un móvil. Incombustible.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

viernes, mayo 04, 2007

Jean Genet, un perfil

Nunca quiso que Splendid's viese la luz. Dos décadas después de su muerte, el Centro Dramático Nacional recupera este texto que ha derivado en un montaje que navega contracorriente.

Así lo cree su director, José Carlos Plaza, que ha descubierto en uno de sus textos más engañosos sobre la necesidad de aparentar ante los demás, la fascinación del 'otro lado' gracias a los escritos de un autor al margen de lo común.

No sabemos si por voluntad u obligación Jean Genet se adentró en los submundos que un par de siglos antes visitó el también parisino y controvertido Donatien Alphonse François de Sade, más conocido como el Marqués de Sade. Lo cierto es que este novelista y dramaturgo, autor también del poemario El condenado a muerte, no tuvo que fantasear sobre las vidas de los marginales, aunque le dio rienda suelta a su imaginario para reinventarse otras existencias, otros entornos para seres que pudieran mantener su idea de la vida y el papel que le había tocado representar.

Como si del inicio de una de sus obras se tratase, Genet nació a finales del año 1910 en un ambiente poco favorable en los arrabales del París más alejado de las vanguardias artísticas y la luz de sus avenidas más ilustres. Hijo ilegítimo de una meretriz, con menos de 10 años ya destacaba por ser un hábil ladrón, aunque no siempre consiguió escapar de la policía. Vio la Legión Extranjera como la posibilidad de escapar de centros de internamiento y cárceles juveniles, aunque pocos años después desertó de otro reducto de normas y reglas.

Comenzó entonces una vida de mentiras, falsedad y marginalidad, de hurtos para sobrevivir y prostitución... ¿Realidad o ficción? En torno a los personajes más controvertidos siempre aparece una costra de suciedad moral no exenta de atractivo o morbo para el común de los mortales. La de Genet fue alimentada por sí mismo (siempre se definió como homosexual, bandido, traidor y cobarde) y por los demás: él, que repudió un mundo que le había repudiado, fue acusado injustamente ('he robado porque los demás me creían ladrón'). El mal camino se enderezó después de una condena a cadena perpetua que fue conmutada en 1948 gracias al apoyo de intelectuales como Jean Cocteau, Jean-Paul Sartre y Pablo Ruiz Picasso.

Entre las cuatro paredes de una celda empezó a escribir. Lo primero, Nuestra Señora de las Flores, un texto autobiográfico acerca de la homosexualidad y la vida en los bajos fondos. De su producción narrativa destacan Diario de un ladrón, Querelle de Brest, El milagro de la rosa y Pompas fúnebres, que combinan el lenguaje lírico y literario con cuadros de la realidad más cruda. En el lector caló su simpatía hacia los desheredados y los marginados de la sociedad, expuestos al sexo, el delito, la muerte. Su gran éxito en el teatro vino de manos de Las criadas, aunque para Sartre, ningún libreto (Los negros, Severa vigilancia, El balcón, Los biombos) superaba la calidad de Splendid's. Tres años antes de su muerte, en 1986, fue reconocido con el premio nacional de las letras francesas.

Directores como José Carlos Plaza se sirven de él para meter la mano en el fango, en lo políticamente incorrecto. El que tomaba como referencia tanto pinceladas pintorescas como aspectos grotescos de la humanidad estaba interesado en mirar hacia donde nadie quería hacerlo: inmundicias, detritus, amoralidad... Sobrecoge la lectura de Cuatro horas en Chatila, escrito después de la matanza de miles de refugiados palestinos en los campamentos de Sabra y Chatila, en septiembre de 1982. No nos sorprende que llegase a afirmar que 'hasta los desperdicios formaron parte de la esencia de Dios'.

Santidad y crimen, orden y mal... La línea que separa estos contrarios es demasiado fina como para distinguirla. Nuestro mundo, donde no existen blancos ni negros, sino una amplia gama de grises, se parece mucho a una cesta de manzanas. Pudo ser una reflexión de Genet, aunque en este caso es de Mauro Armiño, responsable de la traducción de Splendid's. Seguro que con esta afirmación hubiese estado de acuerdo él francés quien, como dice Armiño, se limitó a introducir el gusano en una manzana que ya estaba podrida: no iba a ser él quien maquillase ese cadáver.

Texto escrito por
Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

Hablamos con... Sergio Otegui (una entrevista)

Asegura que es actor por inercia, al tener en casa al maestro Juan José Otegui (El precio,Visitando al sr. Green). Con más de 15 años de carrera, su nombre aparece vinculado a montajes muy recordados, como La gaviota, dirigida por Amelia Ochandiano. Aunque nos tiene acostumbrados a personajes cómicos -es capaz de encontrar la comicidad y trasmitirla- lleva un tiempo embarcado a proyectos con fuerte carga dramática. Cuando la aventura de Splendid’s terminé retomará Johnny cogió su fusil, uno de los éxitos en la actual temporada de la Cuarta Pared.

Daniel Galindo: Vuelves a coincidir con José Carlos Plaza y, por primera vez, participas en un montaje del Centro Dramático Nacional…
Sergio Otegui:
Una conjunción difícilmente rechazable. Con él ya había trabajado hace tres años en Mirando hacia atrás con ira y cuando me llamó no lo dudé, incluso antes de leer la pieza. Luego puede comprobar que era una obra tan complicada como interesante, en la que se dicen cosas muy valientes que no suelen gustar al ser oídas.

DG: Plaza argumentó al presentar Splendid’s que quería actores inteligentes que tuvieran interés en embarcarse en un viaje diferente y arriesgado.
SO:
La obra requiere una confianza entre el director y los actores que a lo mejor no tiene porqué darse en otros montajes. Él da cosas por supuestas en los intérpretes, que cumplen una serie de requisitos, de ahí que la selección no fuera un cásting al uso. Su nivel de exigencia es muy alto y por eso sabe que a cada uno de nosotros puede exigir unas cotas mínimas de esfuerzo, no se conforma con cualquier cosa. Mi caso fue diferente al de mis compañeros, ya que por las características del personaje, me incorporé en la segunda parte de los ensayos, que habían tenido lugar durante 7 semanas.

DG: Ese locutor radiofónico, al no estar dentro del mundo más provocador de Jean Genet, aporta una visión un tanto externa…
SO:
Yo me abstraigo al interpretar un papel que es la representación de la sociedad en la obra y por tanto escapa al lenguaje poético, onírico y metafísico de Genet, que dibuja a unos seres marginales en una situación extrema, de absoluto agotamiento, que para un actor supone un desgaste brutal al estar siempre al límite. El deterioro de los personajes queda patente según avanza la obra al tiempo que Genet arremete contra la sociedad sin ningún tipo de tapujos. La sensación de pérdida, de tirar la toalla ante la posibilidad de descansar, se refleja muy bien en la pieza.

DG: Salvando las diferencias lógicas, encuentro muchas similitudes entre Splendid’s y tu anterior montaje, Johnny cogió su fusil.
SO:
Pero Johnny es un eterno luchador a su pesar: no tiene la oportunidad de no pelear, así que no le queda otra cosa que replantearse su vida desde esa situación insólita en la que está: sin sentidos, sin extremidades, sin futuro… Supuso un trabajo muy motivante, sin olvidar el reencuentro con Beatriz Bergamín y el director, Jesús Cracio, con quien hace muchos años desarrollé el formato del monólogo. Es curioso que esta obra sea un largo soliloquio salpicado de pequeñas escenas.

DG: Gracias a la televisión, con una serie mítica como Más que amigos, conocimos a un actor que llevaba mucho tiempo subido a las tablas, que no le hace ascos a nada…
SO:
A mi lo que me gusta es trabajar, el medio me es indiferente. Es cierto que, a diferencia de lo que hago en televisión, en teatro me encuentro muy cómodo haciendo comedia. Pero un actor debe ser bueno a la hora de contar historias de todo tipo. Luego echas de menos que se hagan más funciones de ciertos montajes o que salgan más proyectos en cine, aunque pronto se estrenará Manolete, donde tengo un pequeño papel.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.