domingo, diciembre 17, 2006

Verónica Sánchez

Camino de que le caigan los 30, atesora algunos de los títulos más curiosos del cine español de los últimos 3 años. Con Mía Sarah nos regala un nuevo protagonista.

Su entrada en el cine no fue a lo grande, con un personaje principal en una superproducción... Ni falta que le hizo: esta sevillana, nada más acabar sus estudios de Arte Dramático, cogió la maleta y se marchó a Madrid. Sabía que el de la interpretación no era camino fácil así que, sin amedrentarse, fue cubriendo etapas. Todo a su debido tiempo.

Tuvo un atisbo de tirar la toalla: volvió a Sevilla, se matriculó en Filosofía y cuando pensaba que jamás se vería en los títulos de créditos de una película apareció Fernando Colomo, que vio en ella al amor andaluz de Gerald Brenan. Al sur de Granada fue la primera y su interpretación convenció. De manera tímida participó en la ceremonia de los Goya más polémica, la de 2004 (protestas por el documental de Julio Medem La pelota vasca y el posicionamiento de los actores en contra de la guerra en Irak).


María Valverde (La flaqueza del bolchevique) se impuso en su primera candidatura pero ya se había revelado como actriz. Dos años más tarde le llegó la segunda, esta vez en la categoría de reparto y por otro personaje con raíces andaluzas, el de ‘La Chispa’, esposa del cantaor José Monge, en Camarón, de Jaime Chavarri. Se premió, con justicia, la madurez de Elvira Mínguez (Tapas). Dos opciones a premio y muchas películas en mente, Verónica tenía por aquel entonces muchas puertas por abrir. Y las tiene.

De cuando en cuando da un portazo a la prensa rosa: está cansada de que le pregunten por su vida privada. Tiene títulos suficientes para hablar de teatro (Lorca a escena), cine y televisión, tras Génesis y los 4 años anteriores que pasó en Los Serrano como hija de Belén Rueda, hijastra de Antonio Resines (con el que trabajó en las Alpujarras) y hermanastra con derecho a roce de Fran Perea. Ocupó la habitación de al lado y ahora los dos están en la sala principal del cine junto a compañeros de generación como Félix Gómez, Marta Etura y Raúl Arévalo.

Hoy día, el actor que se achanta ante los retos no tiene nada que hacer. ¿Hay que cantar? Pues se hace: en El Calentito, de Chus Gutiérrez, fue la sustituta que revolucionó la trayectoria musical de Las Siux. Le cogió gustillo a eso del canturreo y se lanzó a hacer dueto con Lucía Jiménez en Los 2 lados de la cama, de Emilio Martínez-Lázaro. Con él repite en un registro muy diferente: es una de Las 13 rosas (rojas) de las Juventudes Socialistas que murieron asesinadas cuando terminó la Guerra Civil.

Soñadora, positiva, responsable y curiosa. Le gustaría viajar a Japón, a Israel se fue de vacaciones, buscando emociones que le removieran el estómago. Su próximo destino, por cuestiones laborales, está en Argentina: en Zenitram hará de terrorista ecológica, junto a Jordi Mollá. Se pone a las órdenes de Luis Barone de la misma manera que trabaja con directores debutantes, como Gustavo Ron, que le ha regalado un personaje en una comedia tranquila, reposada y muy sentimental. Poco le pide al futuro salvo seguir trabajando en esto y al tiempo que disfruta, crecer como persona.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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